Brave Software ha publicado un nuevo artículo en el que evalúa el rendimiento de su navegador frente a la competencia más directa, y el resultado es el que cabía esperar: el león los supera a todos «en velocidad y rendimiento». Pero hablamos de pruebas realizadas por la propia compañía y bajo unas condiciones que conviene matizar.
Brave se compara con Chrome, Microsoft Edge y Firefox en sus ediciones de escritorio y el resultado le sale redondo: menos consumo de procesador, memoria, energía y datos, además de una carga de páginas más rápida. El navegador presume de consumir un 44% menos de CPU, un 28% menos de memoria y un 10% menos de energía de media, así como de ofrecer una carga de páginas un 20% más rápida y una reducción del tráfico entrante y saliente del 26% y el 39%, respectivamente. Esto, en conjunto, ya que la distancia con cada uno varía.
Nadie le tose a Brave, vaya. El porqué está, evidentemente, en su bloqueador de anuncios y rastreadores integrado, el más potente del mercado. En resumen, al evitar la descarga y ejecución de esos recursos, reduce el trabajo necesario para cargar las páginas. Es el argumento central del estudio: las protecciones de privacidad también pueden mejorar el rendimiento. Algo que ya sabíamos, porque muchos navegadores presumen de ello desde hace años.
El problema de esta comparativa es el mismo de siempre: el alcance de la metodología empleada. Sucede también con los datos de PrivacyTests, un portal que proporciona una información muy interesante, pero que no refleja toda la protección que los navegadores permiten activar. Y si lo menciono aquí, es porque es un proyecto desarrollado por un antiguo ingeniero de Brave, Mozilla y Tor, quien lo presenta como una iniciativa personal e independiente, pero que no ha estado exenta de crítica por cómo plantea el ejercicio.
Volviendo con el tema que nos ocupa, en Brave utilizaron para sus pruebas un Mac mini M2 con macOS y 8 GB de RAM conectado a una línea de 50 Mbps, cada navegador con un perfil limpio y con los ajustes predeterminados. Visitaron los 50 sitios más populares según las estadísticas de Brave Search y repitieron cada experimento diez veces, ejecutando cada navegador en orden aleatorio.
Y aquí aparece el gran escollo de esta comparativa: se compara lo que ofrece cada navegador de serie, incluido el bloqueo del propio Brave. Puede tener sentido, porque a fin de cuentas es con lo que se va a encontrar el usuario de buenas a primeras en Chrome, Edge y Firefox. Pero ese es el criterio empleado también en PrivacyTests, aun cuando navegadores como Opera o Vivaldi dan la opción de activar sus bloqueadores en el primer inicio, algo que el estudio ignora y que lo cambia todo. De hecho, el responsable del sitio reconoce —por ejemplo— que activar el bloqueo de Vivaldi permite superar la mayoría de las pruebas de bloqueo de contenido y cookies de seguimiento.
¿Tiene sentido limitarse a los ajustes predeterminados por ser los que utiliza buena parte del público? Por la predominancia de Edge y Chrome, es posible. Pero ¿por qué un usuario que decide activamente instalar Firefox no puede tener el conocimiento y la predisposición para instalar también una extensión con la que bloquear la publicidad? Quizás ir tan lejos enrarecería una prueba de este tipo, pero también la haría más completa e interesante.
Otro detalle que deja que desear es haber realizado las pruebas solo en macOS, pero con respecto a los navegadores, aún resultan más cuestionables las versiones elegidas: Brave 1.92, Chrome 150 y Edge 150, todos ellos lanzados a mediados de 2026, frente a Firefox 146.0.1, versión de diciembre de 2025. Aun así, es preciso señalar que utilizaron la compilación de Firefox de Playwright, con parches específicos, no la distribuida normalmente por Mozilla. Cuánto cambiarían los resultados con una versión actual de Firefox es algo que no podemos saber sin repetir las pruebas.
Hay más peros. Por ejemplo, aunque Brave completa antes la carga de los sitios, el tiempo hasta mostrar el elemento visual más grande de la página, medido mediante LCP, es prácticamente idéntico: unos 2,4 segundos en Brave y Chrome, frente a 2,5 en Edge y Firefox, ya que el propio estudio sitúa buena parte de la mejora en eliminar trabajo que se produce después de mostrar el contenido principal.
En definitiva, este tipo de pruebas son siempre interesantes por la muestra que dejan, pero hay que contextualizarlas bien para valorar qué demuestran y hasta dónde llegan sus conclusiones. Y no solo eso: incluso cuando se hacen así, las diferencias que arrojan tests sintéticos como Speedometer, JetStream o MotionMark —tres de los empleados por Brave— no se traducen necesariamente en diferencias perceptibles durante la navegación cotidiana.
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